Cómo operé el cerebro de mi paciente despierta




FRANCISCO J. GIRAO/Santander, Madrid

En 'Lo que sentí cuando me operaron el cerebro estando despierta' la joven cántabra Bárbara Díaz (29) nos contó de primera mano lo que se pasa (qué sensaciones, qué pensamientos, qué miedos y qué tranquilidades) cuando te intervienen en la cabeza sin sedación o anestesia. Ahora, de la mano de su neurocirujano, el doctor Juan Martino, conoceremos más de cerca las implicaciones médicas y neurológicas de una intervención de ese calibre.

De manera clara y perfectamente entendible (seguramente esa claridad tranquilizadora de la que hablaba Bárbara) Martino explica por videoconferencia qué se pudo ver en la resonancia que se realizó a la paciente en Valdecilla:



Juan Martino González, una autoridad mundial en neurología y neurocirugía, es adjunto en el Servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla; licenciado en Medicina por la Universidad de Cantabria (2001) y especialista en Neurocirugía en el Hospital Universitari de Bellvitge en Barcelona, ha realizado estancias en hospitales de EEUU (New York, San Francisco), Francia y Finlandia. Ha participado como ponente en diversos congresos y reuniones científicas nacionales e internacionales y ha recibido dos veces el premio al neurocirujano joven en el Congreso Mundial de Neurocirugía: en el año 2009 en Boston y en el año 2013 en Seúl. 

En la consulta, entre miedos de la paciente y seguridad médica, se pusieron las cartas encima de la mesa: la lesión cerebral, el tumor, que se le había detectado a Bárbara era de crecimiento lento (buena noticia, Martino calcula que se ha desarrollado en la cabeza de la paciente durante unos 10 años); por otro lado, tenía "bordes difusos", es decir, que en sus extremos el tumor tenía células cancerosas infiltradas en tejido cerebral sano.

Eso va a hacer que la intervención necesaria no sea tan sencilla como 'abrir y extirpar'. Al quitar esos bordes se pueden dañar funciones cerebrales importantes:



Se intenta proteger a toda costa habilidades del paciente básicas como la memoria, el lenguaje o la vista quitando, no obstante, la mayor cantidad de tumor posible.

Y aunque llama poderosamente la atención una técnica así (operar el cerebro con el paciente despierto para poder evaluar si el tejido sobre el que se está actuando es importante para funciones cerebrales críticas), Martino explica que se lleva empleando "desde hace muchos años". El mapeo cerebral se comenzó a emplear en cirugía cerebral en los años 40 y 50 en pacientes con epilepsia rebelde al tratamiento farmacológico.
Imagen de resonancia magnética 3D en la que se representa el tumor cerebral en amarillo y las conexiones cerebrales (importantes para la función) que rodean al tumor
Tras caer en desuso, volvió a ser retomada en los años 90 para el tratamiento de otros males, debido a la mejora de las condiciones en los quirófanos y el desarrollo de nuevo instrumental. En la actualidad, son varios los centros hospitalarios que la llevan a cabo, también en España. Pero ¿cómo y dónde desarrolló el doctor Martino en concreto las habilidades para su ejecución? Él nos lo cuenta:



De acuerdo. Pero ¿no tiene riesgos operar el cerebro de un paciente despierto? En realidad como cualquier intervención quirúrgica; de hecho, la razón principal para despertar al paciente, es evitar riesgos de secuelas neurológicas:



El riesgo estimado de secuelas en este tipo de intervenciones está entre el 1 y el 3% si el paciente está despierto (a Bárbara se le estimó menos de un 2%). Si se pretende extirpar el tumor sin el mapeo cerebral, con el paciente dormido, los riesgos de secuelas suben espectacularmente hasta el 50 o 60% si se encuentra en lo que los neurocirujanos llaman una zona "elocuente", esto es, crítica (a Bárbara se le estimo alrededor de un 40%). Por tanto: no hay duda posible sobre si dormido o despierto, si existe la posibilidad de aplicar esta técnica.
Imagen de una cirugía de mapeo cerebral con el paciente despierto en la que se representa el tumor en amarillo; se han marcado las zonas cerebrales importantes para la función del movimiento y lenguaje con etiquetas sobre la superficie del cerebro
Metidos de lleno en certidumbres (o deseo de certidumbres) matemáticas, se puede aseverar algo de lo que Martino es a la vez espectador y protagonista en su día a día profesional: el cerebro es un órgano maravilloso. El equipo de Valdecilla comprobó que, a pesar de tener infiltrado con la tumoración su hipocampo derecho, Bárbara no tenía afectada la memoria antes de la operación debido a las capacidades plásticas del cerebro: cuando tiene afectada una zona, el órgano es capaz de desplazar funciones a otra parte sana, para seguir manteniéndolas

Eso, que en inicio nos hace asombrarnos de la capacidad de nuestro órgano, hace que puedan pasar años antes de que el paciente sepa que tiene un tumor, precisamente porque no nota alteradas sus capacidades cognitivas. Bárbara tuvo 'suerte' en ese sentido; la masa del tumor presionó tejido cerebral, provocando una crisis irritativa, creando a su vez el síntoma de aparición: una crisis epiléptica que dio la voz de alarma.



Es posible medir y mapear otras funciones cerebrales, explica Martino. El problema: el tiempo. "Si quisiéramos medir otras 10 funciones más, la cirugía, en vez de durar 10 horas, hubiera durado tres días". 10 horas, en el caso de Bárbara, que se desarrollaron así:



Y a pesar de todo, el cerebro sigue siendo un gran desconocido. "Todo son interpretaciones y teorías que explican una parte", llega a resumir Martino. El lenguaje, por ejemplo, es un proceso en el que la literatura médica relacionada con el cerebro apenas si ha conseguido avanzar. El doctor cifra en un 80% del funcionamiento del mecanismo del lenguaje que es desconocido.

Una máquina maravillosa y enigmática, que encierra misterios todavía más crípticos. ¿Cómo funciona la personalidad? ¿Y las emociones? ¿Y qué hay de la conciencia? ¿Y la responsabilidad social o la postura política? Martino recuerda que, durante la neurocirugía, hay funciones que se controlan, otras que el equipo no tiene tiempo vital para ello y otras, como las citadas, que, directamente, no se sabe cómo operan. Eso hace que una cirugía pueda cambiar aspectos emocionales, sentimentales o de personalidad. El equipo de Valdecilla tiene en marcha de hecho un proyecto para estudiar estas variaciones.

Posibles variaciones en suma colaterales de un cerebro humano enfermo, máquina maravillosa, operada por cerebros humanos de profesionales: máquinas maravillosas.



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Nota: Bárbara Díaz se sometió a una segunda intervención en Valdecilla unos meses después de la primera, para extirparle la parte del tumor que había quedado y evitar su crecimiento y problemas futuros. En la actualidad, ha vuelto a su vida normal, no ha visto afectadas en absoluto sus capacidades y no ha vuelto a sufrir el ataque epiléptico que dio la voz de alarma en las Navidades de 2015-2016.

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